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JESÚS NEIRA

3-Septiembre-2010
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por pantharei

Los medios de comunicación se han hecho eco de la noticia de que el presidente del Consejo Asesor del Observatorio Regional contra la Violencia de Género de la Comunidad de Madrid, Jesús Neira, fue detenido en días pasados por la Guardia Civil y le han acusado de un delito contra la seguridad vial, por conducir un vehículo a motor en estado de ebriedad.

Según el relato de los hechos, el pasado miércoles el Sr. Neira circulaba por la M-30 conduciendo un vehículo turismo dando bandazos, llegando incluso a colisionar levemente contra un camión. Estos hechos fueron observados por un inspector del Cuerpo Nacional de Policía, que se encontraba fuera de servicio, quién decidió detener el vehículo y, tras comprobar el estado del conductor, dio aviso a la Guardia Civil.

La Guardia Civil sometió a este señor a las preceptivas pruebas de alcoholemia que, según las informaciones publicadas, arrojaron resultado positivo de 0,87 miligramos de alcohol por litro de aire espirado, es decir, el Sr. Neira conducía con una tasa de alcoholemia triplicando ámpliamente la tasa máxima permitida (0,25 miligramos por litro de aire espirado). El Sr. Neira fue detenido e imputado por un delito contra la seguridad vial. Posteriormente fue puesto en libertad y fue citado para que comparezca ante el Juzgado de Guardia para la celebración del correspondiente juicio.

Este profesor universitario se hizo famoso hace algo más de dos años cuando fue agredido por Antonio Puerta, al que recriminó por maltratar a una mujer, hecho que siempre ha sido negado tanto por el maltratador, como por la supuesta víctima. Las lesiones que sufrió en aquél suceso le postraron en una cama de hospital. Después de recibir numerosos reconocimientos y distinciones y de participar como tertuliano en diversos medios de comunicación, el Sr. Neira fue nombrado presidente del Observatorio Regional Contra la Violencia de Género de la Comunidad de Madrid.

Hoy este señor ha intervenido telefónicamente en un programa de televisión para explicar los hechos y para justificar su participación en ellos. Programa en el que, por cierto, el Sr. Neira también había participado como colaborador. Entre otras cosas, el Sr. Neira, ha reconocido que efectivamente había pasado una velada con unos amigos, entre ellos un Comisario de Policía, y que había ingerido una cerveza y posteriormente le habían dado a probar un licor de café, que, por cierto, no le había gustado.

Igualmente reconoció que fue detenido por un policía cuando circulaba por la M-40 y que en ese momento se asustó y luego se alegró de haber sido detenido. Trató de justificar su comportamiento alegando que desde que sufrió la agresión se encuentra en tratamiento y tomando un medicamento que es el que le ha provocado su estado y ha influido en su forma de conducir.

Es cierto que determinados medicamentos pueden influir en la capacidad física, pueden mermar los reflejos y la capacidad de respuesta ante determinados estímulos y puede potenciar los efectos del alcohol en el organismo. Así es, algunos medicamentos pueden actuar como potenciadores del alcohol, pero ningún medicamento tiene efecto multiplicador de la tasa de alcohol.  Es decir, la tasa de alcoholemia, es una medida objetiva del contenido alcohólico, en este caso, en aire espirado y la cantidad de alcohol solo aumenta si se añade nuevo contenido alcohólico, por lo que lo alegado por este señor resulta una muy débil justificación. En cualquier caso, quien está sometido a tratamiento con medicamentos, especialmente si se tiene en cuenta que no se trata de un “indocumentado”, es consciente de que en ningún caso se debe mezclar alcohol con ningún tipo de drogas o medicamentos.

Sorprende que a un señor, por el hecho de ser famoso o conocido, se le dé la oportunidad de justificar un comportamiento que carece de cualquier justificación y que merece el castigo que las leyes contemplan, pero es aún más sorprendente el tratamiento que los colaboradores del programa han dado a los hechos,  la suavidad y la comprensión que han tenido con este señor y más aún que hayan tratado de desviar el núcleo central de la noticia hacia el hecho de que estos acontecimientos hayan sido gravados o fotografiados por algún periodista que casualmente se encontraba presente.

El Sr. Neira, en un alarde de descaro, secundado por algún que otro colaborador, incluso se ha permitido el lujo de acusar a la Guardia Civil de haber dado aviso a los medios de comunicación para que estuvieran presentes y pudieran dejar constancia de los hechos.

Todo esto me recuerda las disparatadas explicaciones que suelen dar algunos conductores que han sido sorprendidos conduciendo bajo el efecto de bebidas alcohólicas y los inútiles remedios que algunos ponen en práctica para rebajar la tasa cuando van a ser sometidos a la prueba. Hay de todo en la viña del señor.

DIÓGENES 2

1-Septiembre-2010
por pantharei

He recibido por correo esta carta y no me resisto a publicarla en este medio. Si estaba equivocado en mi descripción, espero que sabrá disculparme.

Estimado señor:

He leído atentamente la descripción que hace de mí en su meritado blog. Debo decir que su lectura me ha provocado cierta perplejidad, dado que se ha permitido usted describirme como una persona oscura, con una marcada tendencia a usurpar méritos que corresponden a otros y con una desmesurada ambición. Ésta como causa o como efecto de aquélla o viceversa.

No sé de donde ha sacado usted esos supuestos datos para hacer tales afirmaciones, pero me atrevo a decirle, por lo disparatado de su exposición, que poco tienen que ver con mi persona, con mis circunstancias y con mis intereses.

Comprendo que cuando escribes, y de alguna forma lo publicas, te expones a la crítica, a que te restrieguen los acentos o las comas por las orejas, pero creo que hacer valoraciones personales con tan pocos elementos de juicio es, por lo menos, aventurado.

Verá usted, no es cierto que me guste ser centro de atención, ni creo que lo haya sido. Jamás he pretendido acaparar, ni usurpar nada de nadie. Si en algún supuesto he sido cocinero, pinche, mâitre y camarero, me he ganado a pulso cada uno de los puestos y nunca he inventado o fantaseado para estar ocupando un lugar destacado. El trabajo lo tiene que hacer alguien y yo he estado ahí para hacerlo. No creo que eso pueda ser criticable.

Puedo decir, con gran satisfacción personal por otra parte, que jamás he escamoteado mi responsabilidad. Por ello, siempre que ha sido necesario, he estado ahí, en el lugar adecuado, ese lugar que usted llama “primera línea”. Pero, le advierto, nunca he buscado el reconocimiento, ni premios, ni palmaditas de los jefes y jamás me han interesado los palotes. Mi interés siempre se ha centrado en cumplir de la mejor manera posible con mi trabajo. Espero haberlo conseguido.

¿Acaso duda usted de que esa tergiversación de los hechos y de los motivos se debe única y exclusivamente a la envidia?. Pues yo no, mire usted. En esta profesión, como en tantas otras, es fácil y resulta barato colgar una etiqueta. Desprenderse de la injusticia, en cambio, es mucho más complejo y te puede hacer sudar sangre, y, aún así, muchas veces no lo consigues. Así es, la envidia es el motor. La envidia marca la pauta y es la razón última, y a la vez primigenia, de tanta injusticia y desazón.

Se equivoca, señor mio, efectivamente no soy insustituible y menos aún infalible, pero debe tener en cuenta que todos y cada uno de nosotros somos como el engranaje de una máquina. Todos somos necesarios y nadie es imprescindible, pero, por la misma razón, no todos somos iguales, aún cuando el uniforme haga pensar otra cosa.

No le quiero cansar en este primer encuentro, señor mio. Tiempo habrá de explicarlo todo con pelos y señales, tiempo habrá para darle a conocer la realidad de quien le dirige estas líneas y espero que no haga oídos sordos a mi forma de ver las cosas. Si me lo permite, en sucesivas ocasiones, le iré facilitando nuevos datos, que seguro le harán cambiar de parecer.

Mientras tanto, reciba un cordial saludo.

Fdo. Diógenes Alés.

LA TELE

29-Agosto-2010
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por pantharei

- Buenos días agentes

- Buenos días señora, dígame en qué podemos ayudarla.

- Solo quería hacerles una preguntita.

- Digame…

- ¿Sabe Vd. por qué no veo Ono en casa?

- Perdón…..

- ¿Que si sabe por que en casa no puedo ver la tele de pago desde ayer?

- Pues….., no señora, no sabemos por qué.

- ¿Pero a Vds. no les comunican estas cosas para que puedan informar a los ciudadanos?

- Pues no señora, desgraciadamente, no nos informan de eso.

- Pues vaya con la policía local, entonces ustedes, ¿para qué leches están?

EL SECUESTRO

28-Agosto-2010
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por pantharei

Debo reconocer que en algún momento perdí toda esperanza de salir con vida de todo aquello. Aún hoy siento el frio acero acariciándome la piel. Noto como su frialdad me quema.

Todo se desarrolló de forma tan rápida que apenas tuve oportunidad de reaccionar. Habiamos llegado de realizar las compras semanales. Busqué un estacionamiento lo más cerca posible de casa para aliviar el trabajo de descarga y subida de bolsas. A veces la operación es realmente agotadora, especialmente cuando te ves obligado a realizarla en solitario. El estado de Raquel le impide cargar peso, así que realizo el trabajo en fases. Primero descargo y dejo descansar en el suelo, para luego, poco a poco, transportar todas las bolsas hasta la entrada de la vivienda.

Habia conseguido llevar a término la primera fase y me disponía a cerrar la puerta del coche cuando un escalofrío recorrió mi espalda al oír los gritos de una persona que, violentamente y a toda velocidad, se acercaba por detrás. No era capaz de entender que era lo que decía, solo gritos y, a continuación, antes que pudiera volverme, sentí un fuerte golpe en la cabeza que casi me hizo perder el conocimiento y el equilibrio.

Eran dos personas, dos varones, probablemente jóvenes a tenor de la fuerza con la que actuaron. No pude distinguir su acento. No tuve oportunidad de verles el rostro. Casi en volandas me condujeron hacia el interior de mi propio vehículo, me obligaron a subir a los asientos traseros. Uno de ellos tomó la posición de conducción y lo puso en marcha, mientras el otro sacó una especie de bolsa de tela de color oscuro, que rapidamente me colocó en la cabeza aislando mis sentidos y evitando ser testigo de lo que me estaba ocurriendo. A lo lejos oía a Raquel gritar pidiendo auxilio. Mi desesperación me hizo suplicar que dejaran en paz a mi mujer. Les hice saber el estado en el que se encontraba y del daño que podrían llegar a hacerle.

Los gritos de uno de los dos hombres arreciaron. Me ordenó energicamente que me callara y sentí un dolor punzante primero en una pierna, después en la otra y el frio acero cerca de mi piel.

No sabría decir cuando tiempo permanecí en el interior del vehículo, ni qué distancia habíamos recorrido. Si pude notar que un primer tramo debió desarrollarse por autopista. Notaba que circulabamos a gran velocidad. Luego el ronroneo del vehículo se hizo irregular y notaba la fuerza de la inercia meciendome a derecha e izquierda. Habíamos entrado en una zona de curvas y de fuertes subidas y bajadas.

Probablemente una hora después el vehículo se había detenido. Uno de los hombres se apeó y todo permaneció en un tenso silencio. Nuevamente noté un dolor punzante en el muslo, luego otra vez más, como si el individuo que aún permanecía a mi lado se estuviera entreteniendo en clavarme algún objeto punzante y afilado. A cada acometida suplicaba por mi vida. El individuo parecía disfrutar con lo que hacía y nuevamente me exigía silencio. Había encontrado una forma cruel de entretener su espera.

Los segundos se hicieron horas y los minutos se conviertieron en eternidad.

- Te vamos a matar colega, así que no grites más, cállate ya, no vas a conseguir nada lloriqueando.

Mi preocupación se centró nuevamente en Raquel. No sabía que le habían hecho. Temí por su vida y por la de mi hijo.

Abrieron la puerta y me sacaron a rastras. Me obligaron a permanecer erguido. Las piernas me dolian, casi no podía mantenerme en pié. Oí pasos que se acercaban y como se detenían justo frente a mi. Uno de ellos dijo algo que no entendí y, seguidamente, me despojaron de la bolsa que cubría mi cabeza. Mis ojos se habían aclimatado a la oscuridad y ahora una luz cegadora me impedía distinguir lo que me rodeaba. Creo que llegué a contar hasta cuatro personas, pero bien podrían haber sido más.

El que parecía tomar las decisiones, se me acercó lentamente. Me miró fijamente y con desgana se volvió hacía los otros secuestradores.

- Este no es,…..os habéis vuelto a equivocar. Sóis unos estúpidos incompetentes. Dejadle marchar y vámonos de aquí.

Nuevamente sentí un fuerte golpe en la cabeza. Ahora no pude mantener la verticalidad. Caí de rodillas y todo se volvió gris. Permanecí acurrucado casi sin poder moveme.

- Toma, colega, con esto podrás volver a casa. Algo has ganado,…., no lo vas a perder todo gilipollas.

El silencio volvió. Oí alejarse mi coche y como pude me incorporé. Tenia las pienas ensangrentadas y un fuerte hematoma en la cabeza. Miré mi mano, me habían dejado tres euros para volver.

Mi coche fue encontrado totalmente calcinado varios días después. Habían borrado cualquier vestigio, cualquier indicio que los identificara e incriminara.

TERAPIA DE GRUPO

27-Agosto-2010
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por pantharei