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ENEMIGOS

Está ahí, tendido al sol sobre la arena caliente. Es agosto, playa de poniente. Algo le cubre dejando apenas ver una mano oscura y los pies con calcetines blancos. Al fondo se adivina el traicionero ir y venir del oleaje. El mar, ajeno a la tragedia, se deja mecer por el viento.

 

 

No, no es un turista, no es un guiri adicto a nuestro sol y a nuestras playas. No es una apacible tarde de sol y playa. Es otro macabro hallazgo. Una, otra, vida segada. Un proyecto de nueva vida truncado cuando aún no se había iniciado. Una ilusión perdida. Otra víctima cegada por las luces de neón.


EL ACCIDENTE

Estaba muy cerca y no pude ver cómo pasó, sólo escuché el grito de Rafael, todavía me retumba en la mente.  ¿Cómo pudo pasar eso?, es la pregunta que me he hecho desde ayer.  Hablé con él debajo del camión, le acaricié, le pregunté su nombre, su edad y dónde le dolía, todo, me contestó, la rueda me ha pasado por encima, me dijo.  A mi marido le dijo, me estoy muriendo.  Se lo llevó la embulancia y luego supimos que falleció, no podía salvarse de ninguna forma, estaba totalmente destrozado por dentro y el lo sabía. Lo siento muchísimo por él y por su familia. Soy madre y me duele y pienso en su madre desde ayer, no hay consuelo, es el peor dolor que una persona puede sufrir, la muerte de un hijo. Nunca una madre debería sobrevivir a sus hijos. Que descanse en paz.

M. Carmen.


“EL VALIOSO TIEMPO DE LOS MADUROS”

Mensaje de Mario de Andrade

(Poeta, novelista, ensayista y musicólogo brasileño)

“Conté mis años y descubrí, que tengo menos tiempo para vivir de aquí en adelante, que el que viví hasta ahora…

Me siento como aquel chico que ganó un paquete de golosinas: las primeras las comió con agrado, pero cuando percibió que quedaban pocas, comenzó a saborearlas profundamente.

Ya no tengo tiempo para reuniones interminables donde se discute sabiendo que no se va a lograr nada.

Ya no tengo tiempo para soportar absurdas personas que, a pesar de su edad cronológica, no han crecido.

Ya no tengo tiempo para lidiar con mediocridades.

No quiero estar en reuniones donde desfilan egos inflados o frustrados que agreden a los demás porque no saben que hacer con ellos mismos, y lo hacen porque no se dan cuenta de su propio malestar.

No tolero a maniobreros y ventajeros.

Me molestan los envidiosos que tratan de desacreditar a los más capaces para aminorar su dolor personal.

Detesto, si soy testigo, de los defectos que genera la lucha por un cargo.

Las personas no discuten contenidos, apenas los títulos.

Mi tiempo es escaso como para discutir títulos.

Quiero la esencia, mi alma tiene prisa… Sin muchas golosinas en el paquete…

Quiero vivir al lado de gente humana, muy humana.

Que sepa reír de sus errores.

Que no se envanezca, con sus triunfos.

Que no se considere electa, antes de hora.

Que no huya de sus responsabilidades.

Que defienda la dignidad humana.

Y que desee tan sólo andar del lado de la verdad y la honradez.

Lo esencial es lo que hace que la vida valga la pena.

Quiero rodearme de gente que sepa tocar el corazón de las personas….

Gente a quien los golpes duros de la vida le enseñó a crecer con toques suaves en el alma.

Sí, tengo prisa, pero por vivir con la intensidad que sólo la madurez puede dar.

Pretendo no desperdiciar parte alguna, de las golosinas que me quedan… Estoy seguro que serán más exquisitas, que las que hasta ahora he comido.

Mi meta es llegar al final satisfecho y en paz con mis seres queridos y con mi conciencia.

Espero que la tuya sea la misma, porque de cualquier manera, llegarás…”

Mario de Andrade.


ALERTA: PERSONAS DESAPARECIDAS

PORTADACada año, en nuestro país, se cuentan por miles las desapariciones de personas y las estadísticas hablan de cientos de miles las que desaparecen en todo el mundo. La mayor parte de estos casos se resuelven en poco tiempo porque suelen ser desapariciones voluntarias. Sin embargo, existen otras desapariciones, sin causa aparente, que no llegan a resolverse, ni tan siquiera se puede averiguar cuáles pudieron ser los motivos que motivaron la desaparición o no se consigue ninguna pista para poder encaminar la investigación con éxito.

Cuando un ser querido desaparece, para sus familiares y amigos el mundo se desmorona. A su desesperación por la inesperada pérdida, se une la impotencia y la angustia. Todo a su alrededor se altera, las ideas se presentan confusas y la incertidumbre sobre su situación hace que, a veces, se tomen decisiones que pueden incluso perjudicar la investigación para intentar averiguar su paradero. La tristeza y la depresión suelen ir unidas a estos casos y dicen muchos familiares y personas próximas que esta zozobra es incluso peor a la de perder a un ser querido.

Con el paso de los días, la angustia aumenta y resulta muy complicado mantener las expectativas de obtener resultados positivos –encontrar por fin a la persona desaparecida-. Ello deriva en alteraciones, a veces muy serias, de la salud física y psíquica de los familiares, que deben exigirse comer y descansar normalmente. Es muy recomendable en estos casos apoyarse en la ayuda profesional de un psicólogo, con el que podrán hablar de sus inquietudes y emociones. Ciertamente, este profesional no podrá ayudarles en la resolución del caso, pero sí en la mejor forma de hacer frente a esta tragedia, de buscar la actitud propicia para recuperar, en la medida de lo posible, una cierta normalidad.

Aunque resulte extremadamente difícil, hay que tratar de mantener la esperanza como elemento fundamental para conseguir tomar las decisiones adecuadas en cada momento, con el fin de alcanzar el objetivo que se busca: hallar a la persona desaparecida.

Es cierto también que aunque el tiempo transcurrido desde el momento de la desaparición sea mucho, los familiares reaccionan ante las llamadas inesperadas, tanto telefónicas como en la puerta del domicilio. La esperanza y el temor se entremezclan ante la llegada de posibles noticias. En muchos casos también surge luego el sentimiento de negación de la posibilidad. Esto sucede cuando se han atendido indicaciones hechas de buena o mala fe, que sitúan al desaparecido o la desaparecida en distintos lugares o ambientes. En general, se trata de confusiones que al aclararse añaden más dolor a la familia.

Tampoco la policía dispone en muchos casos de medios, incluso de medios legales para realizar sus investigaciones, aunque los miembros pertenecientes a los cuerpos de seguridad se esfuercen personalmente lo indecible en resolver estos casos. La base legal de que la persona mayor de edad que desaparece, sin causa aparente, puede haberlo hecho por voluntad propia, pone una barrera a la investigación. Distinto es cuando hay indicios de delito por parte de terceros, pero esto suele suceder en pocas ocasiones.

Desde estas páginas damos las gracias a todos los profesionales y otras personas sensibilizadas con esta causa, que han prestado su tiempo y esfuerzo a la búsqueda de personas que han desaparecido.

El primer y más importante consejo para todas aquellas familias a las que ha desaparecido un ser querido es: luchen y esfuércense al máximo.

Hoy sabemos, por experiencia, que si la familia dispone de tiempo y de información, aumentan notablemente las posibilidades de que se aclare la situación.

Es por ello que hemos creado el manual ¿Dónde Estas? para que dispongan de consejos generales que pueden aplicarse en cada caso, y de esta forma contribuir a resolver y a encontrar a ese ser querido por el que sufren.

Para ello contacten con Alerta Desaparecidos http://alertadesaparecidos.blogspot.com

COMUNICADO DE PRENSA:

Diversos acontecimientos, como la desaparición de Madeleine McCann o de Yeremi Vargas, y la más reciente y todavía sin resolver de Marta del Castillo, han puesto en primer plano de actualidad la necesidad de crear un documento que reúna normas, consejos básicos y líneas a seguir en caso de desaparición de un ser querido.

Jaime Fontanals, cuyo curriculum académico facilitamos a pie de nota, ha argumentado en un libro de fácil lectura y comprensión, titulado “¿Dónde estás?”, todos estos datos tan necesarios cuando sucede un hecho como los referidos, que dejan a los familiares más próximos y allegados sumidos en el dolor y la incertidumbre, y también con la sensación de impotencia de no poder hacer algo más para encontrar a la persona desaparecida.

Se trata de un manual de carácter gratuito, surgido de la única idea de proporcionar a las familias unas pautas a las que acogerse y con las cuales podrán facilitar la tarea a las personas que buscan a un allegado. El libro está prologado por Braulio Revilla Chavarría, Diplomado Superior en Criminología e Investigación Privada, que es también Presidente-Fundador de la Asociación de Diplomados y Profesionales en Criminología e Investigación.

La obra está disponible en el blog alerta desaparecidos

http://alertadesaparecidos.blogspot.com/

Fdo.: Isabel Bertral – Periodista especializada en casos de personas desaparecidas

Más Información contactar con:

Isabel Berrtal –  isabelbertralsanz@yahoo.es

Jaime Fontanals – alertadesaparecidos@gmail.com

Jaime Fontanals – Resumen curriculum académico

-Director de Seguridad por la Universidad de Barcelona

-Perito Judicial por la Universidad Autónoma de Barcelona

-Miembro de la Asociación Profesional de Detectives Privados de España (APDPE)

-Miembro de la Asociación de Directivos de Seguridad Integral (ADSI)

-Miembro de la Asociación Profesional de Peritos Calígrafos de Catalunya

-Miembro de la Asociación Nacional Técnicos Microelectrónica Seguridad (ASTEMISE)

-Inscrito como miembro de International Police Association (IPA)

Es autor de diversos artículos en revistas especializadas y de las siguientes publicaciones: “Investigación Profesional” y “Contraespionaje, Seguridad y Control”, de Editorial Fapa.

Ahora, a sus 45 años dirige el blog “alerta desaparecidos”


UN ÁNGEL DE LA GUARDA

Hace unos días conocí la noticia de la trágica muerte en accidente de tráfico de un compañero de la Policía Local de Almería.  Francisco Javier Balbín París, con tan sólo 21 años de edad, perdía la vida cuando participaba en un operativo puesto en marcha para tratar de localizar y detener a un vehículo sospechoso, que momentos antes se había dado a la fuga en un control policial. El compañero Francisco Javier conducía una motocicleta oficial cuando colisionó contra la mediana de la avenida, salió despedido y fue arrollado por un vehículo que, en ese momento, circulaba en sentido contrario.  Fran falleció horas mas tarde en el hospital al que fue evacuado.

La noticia no pasaría de ser una mas,  entre otras tantas noticias luctuosas sobre accidentes de tráfico a las que desgraciadamente los medios de comunicación nos vienen acostumbrando, si no fuera porque en el siniestro y en el desarrollo de los acontecimientos se dieron cita una serie de circunstancias singulares.  Otros muchos agentes policiales han perdido la vida en accidentes de tráfico, los policías obviamente no estamos exentos de vernos implicados en este tipo de acontecimientos desafortunados.  Cualquiera puede sufrir un accidente en su puesto de trabajo, en unos casos por una falta de responsabilidad del empleador o del propio trabajador y en otros por la concurrencia de circunstancias imprevisible e inevitables. Pero Francisco Javier perdió su vida no en un accidente de tráfico mas, sino que entregó su vida en el cumplimiento del deber, cuando trataba de dar apoyo a otros compañeros que participaban en el mismo dispositivo.  Su celo profesional, su energía y su entrega se toparon con el bordillo de una mediana truncando su vida.

Los policías nos encontramos en muchas ocasiones en situaciones similares a las que han rodeado la muerte de Francisco Javier.  Vehículos que no respetan los controles policiales;  delincuentes que tratan de eludir a la policía y a la acción de la justicia o desaprensivos que no dudan en poder en juego la vida de los demás.  Todos los policías hemos vivido de forma mas o menos cercana este tipo de situaciones y en muchas ocasiones hemos sentido como si un ángel nos protegiera y evitara que saliéramos dañados del evento.

Cualquier policía puede sufrir un accidente laboral, como cualquier otro trabajador; cualquier policía puede sufrir un accidente de tráfico, como cualquier otro conductor; pero, además, cualquier policía puede ver su vida en peligro en el desempeño de su servicio, bien por convertirse en objetivo delictivo o bien por actuar como obstáculo para que los delincuentes cumplan sus objetivos criminales.  Ese plus de peligro es lo que hace diferente y engrandece este trabajo.

Ayer, día 2 de octubre se celebraba el día de la Policía, tanto del Cuerpo Nacional de Policía como de muchos cuerpos de policía local  y, en un día tan especial, Francisco Javier ha brillado con luz propia y ha pasado a convertirse en un ángel que, seguro, velará por nosotros.

Sirva este humilde escrito como homenaje a Francisco Javier y a todos aquellos compañeros que dieron su vida en el desempeño de su trabajo.

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Tuve el honor de realizar con Fran su último servicio, parece que aun le veo, cacheando a un detenido en la intermodal mientras yo permanecía a la expectativa. Me recordaba cuando yo entre en el cuerpo, con ese ímpetu, esas ganas de trabajar, esa impaciencia por llegar a los servicios y tratar de resolverlos, de apoyar a los compañeros, sí, de apoyar a los compañeros, por eso Fran no se encuentra ya con nosotros, por venir a apoyarnos a mi compañero y a mi, como en tantas otras ocasiones, el siempre estaba dispuesto a atender los servicios, pero la fatalidad se cebó con él, un cúmulo de circunstancias y de mala suerte segó la vida de un joven con futuro. Fran, siempre estarás entre nosotros, un abrazo estés donde estés compañero.       (Tomado de un foro)


SORPRESA DE MUERTE

Apareció en la playa, en un rincón perdido. Era un recipiente conteniendo parte de las cenizas de un difunto. El recipiente contaba con una inscripción alusiva a la identidad del muerto.

Difícil es imaginar la sorpresa del autor del hallazgo: Tendido plácidamente al sol, torrandote, soportando las finas cuentas de arena clavándose en tu espalda y espantando de vez en cuando a alguna mosca cojonera, cuando, de repente, notas que las olas han llevado hasta ti el cadáver incinerado de un señor, (o de una señora), que Dios tenga en su santa gloria. Sorpresa mayúscula, ¿no?.

Puestos a imaginar, porque los muertos siempre salen de algún sitio, (claro, salen …. de la vida), los atribulados familiares debieron arrojar al mar los restos calcinados de su ser querido, tal vez, cumpliendo algún íntimo deseo del difunto, quien seguramente prefería recorrer mundo, aún después de muerto, que permanecer por tiempo indefinido en una urna sobre la tele del salón de casa. Pero el mar no quiere lo que no es suyo y lo devuelve importándole un bledo lo que hubiera querido el difunto y haciendo caso omiso a esos íntimos deseos.

Es de suponer que el muerto fue arrojado al mar dentro de su urna cerámica, herméticamente cerrada, salvaguardando y protegiendo los restos de lo que en algún momento fue un ser humano. Las caprichosas corrientes marinas lo debieron arrastrar por esos mundos acuosos de Dios, hasta encontrar la oportunidad de escupirlo fuera de su alcance.

Las urnas funerarias deberían ser construidas con materiales degradables, bien al contacto con el agua, bien al contacto con el tiempo. Mientras tanto, lo acertado sería esparcir las cenizas cuidando, especialmente, de no incurrir en el error de arrojarlas contra el viento a fin de evitar llevarte pegado al cuerpo parte del muerto.

En fin, es solo una sugerencia a tener en cuenta si lo que realmente queremos es que los muertos no regresen de donde fueron colocados para reposar en su descanso eterno.