ENEMIGOS

Está ahí, tendido al sol sobre la arena caliente. Es agosto, playa de poniente. Algo le cubre dejando apenas ver una mano oscura y los pies con calcetines blancos. Al fondo se adivina el traicionero ir y venir del oleaje. El mar, ajeno a la tragedia, se deja mecer por el viento.

 

 

No, no es un turista, no es un guiri adicto a nuestro sol y a nuestras playas. No es una apacible tarde de sol y playa. Es otro macabro hallazgo. Una, otra, vida segada. Un proyecto de nueva vida truncado cuando aún no se había iniciado. Una ilusión perdida. Otra víctima cegada por las luces de neón.


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