TORMENTAS DE INVIERNO

Ya desde primeras horas de la mañana se intuía lo que se nos podría venir encima. Parecía que la nueva tormenta se acercaba por el oeste, pero cada fogonazo desde ese lugar era respondido por otro igual desde la posición geográfica opuesta, como si desde ambos puntos se hubiera desatado un desafío de luz y de truenos

En pocos minutos el cielo caía sobre la tierra. Una autentica manta de agua fue cerrándolo todo. La visibilidad se redujo significativamente y las calles se convirtieron rápidamente en caudalosos ríos buscando las zonas más bajas de la ciudad. Podría haber durado minutos, como en otras muchas ocasiones, pero una hora y media más tarde el agua seguía fluyendo con la misma insistencia y ahora, además, lo hacía acompañado de un auténtico vendaval rugiendo y zarandeando cualquier elemento que sobresaliera del suelo. En apenas dos semanas se repetía, por enésima vez, el diluvio.

Poco tardaría en dispararse todas las alarmas. Así fue, las llamadas se sucedieron a lo largo de toda la mañana: inundaciones en garajes, en zonas de viviendas, en depresiones de las vías, caídas de ramas de árboles, desprendimientos de cornisas, carteles tumbados por la fuerza del viento y del agua, calles cortadas por desprendimientos de los terrenos aledaños o por embalsamiento. Los sumideros no eran lo suficiente tragones como para evacuar tanta agua.

A pesar de contar con un dispositivo especial con refuerzo de varias patrullas, en pocos minutos, todos se encontraban desbordados y con dificultad se atendía las nuevas demandas que se iban produciendo. Hubo que establecer un orden de preferencia en función de la gravedad de lo que sucedía. Cerrar con vallas una vía que queda cubierta por más de un metro de agua; acotar las zonas próximas a los desprendimientos; regular el tráfico allí donde se hace necesario, localizar a los distintos servicios para despejar las zonas anegadas; colaborar con los bomberos, etc. Así que, por ser los primeros en llegar a cada requerimiento, eran los propios policías los que tenían que dar la cara y y debían aguantar el chaparrón ante las demandas y exigencias de los desesperados vecinos, que veían como sus bienes y haciendas corrían autentico peligro y que los servicios de emergencias, es decir, los encargados de buscar una solución a su problema, se demoraban en demasía. Poco puede hacer un agente de policía para solventar una inundación o un desprendimiento de barro sobre una vía de acceso a una barriada que queda aislada, o para poner los medios para evitar nuevos desprendimientos de cornisas o el desplazamiento y caída de mobiliario urbano, salvo tratar de evitar que se produzcan víctimas, evacuando la zona si fuera necesario.

A media mañana sonó un tremendo estruendo, como si algún artefacto hubiera estallado. Un rayo había impactado contra una vivienda. Entró por la antena de televisión y por la chimenea y se abrió paso reventando paredes interiores y exteriores del ático. Los moradores salieron milagrosamente indemnes, pero el estado de histeria y de miedo que el trueno les provocó difícilmente podrán olvidarlo en mucho tiempo.

Y finalmente llegó la calma. Ahora solo quedaba acabar el trabajo. Se tardaría algún tiempo en recobrar la normalidad.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: