MEDICIÓN DE LA DELINCUENCIA

De la gran cantidad de hechos presuntamente delictivos que diariamente se cometen en España solo algunos llegan a conocimiento de la policía u otros órganos encargados de recibir las denuncias e investigar los hechos. De estos solo algunos llegan a formalizarse en denuncia y de estas denuncias solo una parte llegará a juicio. Así, el conocimiento de la delincuencia en cualquier periodo y espacio determinado dependerá de la fuente de información.

El aparato estadístico oficial no suministra una información fiable y contrastada sobre la delincuencia real que existe en nuestra sociedad. Solo ofrece datos sobre la delincuencia registrada limitándose a aspectos muy concretos. Esa información solo manifiesta la actividad y rendimiento de las instancias oficiales del sistema y no las oscilaciones reales y movimientos efectivos de la delincuencia. Existe una delincuencia oculta que no detectan las estadísticas oficiales, existiendo un distanciamiento entre los valores nominales de la delincuencia oficial de los valores reales. La delincuencia se representaría como un iceberg, donde la mayor parte se encuentra oculta.

Hay delitos que nadie detecta, son delitos normalmente contra la colectividad, por ejemplo, tráfico de drogas, contra el medio ambiente, etc. Hay hechos que no son definidos ni reconocidos como delictivos ni por quien los realiza ni por quien los soporta, por ejemplo, pequeña estafa bancaria, malos tratos en el ámbito familiar, delitos contra los derechos de los trabajadores, violación en el matrimonio, etc. Hay hechos que la victima no denuncia a pesar que llegue a definirlo como delictivo, por angustia, desesperación, por pensar que no va a conseguir nada con la denuncia y que por tanto no vale la pena denunciar, por ejemplo, violaciones, pequeños hurtos, estafas, timos, etc.

Los avisos a la policía pueden ser o no delictivos. Es el primer escalón del control formal. Es un paso de selección. En muchas ocasiones se desechan muchos comportamientos como delictivos, bien por desconocimiento técnico, bien por falta de pruebas. En muchas ocasiones a la policía le es difícil prever si el aviso es o no delictivo.

La denuncia penal puede ser un buen indicador de la criminalidad. En este momento podríamos estar hablando ya de criminalidad conocida. La denuncia ante las autoridades competentes da lugar, normalmente, a un atestado policial que posteriormente será remitido al juzgado de instrucción. Si la denuncia ha sido presentada ante la Policía Nacional o Guardia Civil, estas instancias cumplimentarán unos cuestionarios estadísticos con datos sobre el suceso y sobre la víctima, pero las estadísticas resultantes no son publicadas, solo se utilizan internamente. Además, los delitos pueden ser denunciados ante otras instancias y no son incluidos en esas estadísticas, por ejemplo, las denuncias presentadas ante los cuerpos de policía dependientes de otras administraciones públicas, las presentadas directamente en los juzgados o las presentadas ante el ministerio fiscal. Los impresos pudiera ser que no se cumplimentaran en todos los casos.

Una vez recibida la denuncia en los juzgados, se abrirá sumario, diligencias previas o diligencias urgentes, en función del delito cometido. En principio el valor de estas diligencias judiciales como concepto definidor de la delincuencia oficial debería ser incontestable. En España existen dos tipos de estadísticas que recogen las diligencias previas: las estadísticas judiciales y las de la Fiscalía General de Estado. Ambas no son suficientemente fiables, las primeras reflejan el volumen de actividad de cada juzgado e incluyen diligencias sobre asuntos administrativos, civiles, etc. y las segundas solo recogen aquellas calificadas por el Fiscal. El problema básico es que las cifras no cuadran.

Finalmente contamos con los delitos esclarecidos, que son los casos que llegan a juicio y que son muchos menos que los recogidos en las estadísticas policiales. Las estadísticas penitenciarias aportan datos sobre los hechos que han sido castigados con pena de prisión.

Existe, por tanto un elevado número de hechos delictivos que no se conocen, dado que al no ser denunciados no llegan al control social. La cifra negra de la criminalidad, es decir, la criminalidad real se trata de averiguar mediante el recurso a otros procedimientos como son los informes de autodenuncia y las encuestas de victimización, que son encuestas y formularios dirigidos a la población en general. Pero estos procedimientos tampoco están exentos de inconvenientes: la falta de colaboración de la gente; han tenido resultados con jóvenes no con mayores; son costosos; requieren preparación del trabajo previo y son poco representativas en determinadas conductas, por ejemplo, en delitos sin víctima: ambientales, informáticos.


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