LOS TIEMPOS CAMBIAN

Las cosas no siempre han sido tal y como hoy son. En los últimos años se ha producido una importante renovación generacional en la mayoría de plantillas con una gran cantidad de nuevas incorporaciones que, evidentemente, cuentan con un mayor nivel formativo. La renovación ha venido acompañada de nuevos medios, nuevos adelantos técnicos, de nuevas leyes y reglamentos, pero lo que es mas importante, de nuevas formas y de nuevos modos de hacer las cosas,  de nuevos procedimientos.   Aunque a las nuevas incorporaciones, e incluso a las viejas glorias, les pueda parecer extraño por aquello de que la memoria es corta, hasta hace no muchos años en muchas plantillas, no en la nuestra afortunadamente, ocurrían cosas y existían comportamientos propios del siglo diecinueve, así por ejemplo……

Aunque sea difícil de creer, antiguamente era necesario tener enchufe para entrar en algunas plantillas de policía local. La capacidad de los aspirantes quedaba normalmente, salvo excepciones, en un segundo plano.  Si tenías padrino, tenias curro, si no lo tenías te podían ir dando mucho por ….

Una vez dentro, o cuando el aspirante aún se encontraba en el umbral, siempre y de forma impepinable, había una “organización benéfica” que altruistamente le informaba y le sugería, con cierta exigencia eso sí,  pero exigencia justificada en cualquier caso, de las ventajas de estar asociados con ellos, si realmente lo que querían era traspasar el umbral o si lo que querían era progresar y no ser un paría dentro de la organización. No cabe duda, esas organizaciones se preocupaban por el futuro laboral y profesional de los nuevos aspirantes y no estaban dispuestas a permitir que la personalidad, o…….. las ideas, arruinaran un futuro prometedor. Evidentemente como contrapartida solo exigían fidelidad, (lo que por otra parte no es mucho si consideramos que es lo mismo que se le exige a los perros y si un animal puede ser fiel, por qué un guardia, que es un ser inteligente, no podría llegar a saber como serlo).

Hombre, para que nos vamos a engañar, a los miembros responsables de la organización que se hubieran destacado en sus labores de proselitismo y captación de nuevos asociados se les premiaba convenientemente, bien mediante merecidos ascensos o bien permitiendo a la administración disfrutar del trabajo de algún familiar que se encontrara en paro, (a pesar de que, como quedó en numerosas ocasiones demostrado, estos miembros responsables realizaban su cometido con total desprendimiento y vocación de servicio público). Algunos tenían la poca leche y la mala conciencia de calificar estos comportamientos como “mafiosos”, cómo si realmente conocieran el significado del término  “mafia”.  Aquí, afortunadamente, ese tipo de cosas sencillamente no ocurrían.

Además de necesitar al consabido padrino, (a donde coño ibas a ir sin un padrino decente con capacidad suficiente para influir), en aquellos tiempos se ascendía a dedo, si, si, a dedo, como lo estáis leyendo, pero eso sí, al dedo elector no puedo menos que reconocerle experiencia y buen criterio.  Si el candidato era un buen profesional, si se había desvelado por su trabajo y si se había preocupado por su formación, se le descartaba. ¿Por qué?.  Pues sencillamente para no viciarle y para permitirle que continuara siendo un buen profesional y que diera los mejores frutos posibles.  Alguien tenía que hacer el trabajo, ¿no?. En su lugar se elegía a aquellos que habían demostrado una sana incompetencia.  Era una forma como otra cualquiera de incentivar  y promover a inútiles, chivatos, y a toda esa fauna que solía encajar tan bien en las organizaciones, con el objetivo final de conseguir un buen cuadro de mandos. En el perfil ideal se incluía (no te lo pierdas), además, habilidad social, ambición, una patente falta de personalidad, una cierta y acomodaticia docilidad y, si fuera posible, era preferible el tipo “caletre cuadriculado” o el “privado neuronal”.

Fueron tiempos realmente convulsos, de cambios, de nuevos posicionamientos.  Los ciudadanos exigía más y más y al “guardia municipal”, se le pedía que fuera capaz de enfrentarse con holgura a los nuevos retos. La respuesta, por otra parte lógica aunque parezca increíble, fue la creación de discretos grupúsculos altamente cualificados y específicamente entrenados en logística, en estrategia, en tácticas de combate y defensa, en mediación y arbitraje, en sopapos biendaos y técnicas de inmovilización, (bien mediante uso de armas de desbarate nervioso o bien mediante el noble arte del pescozón a palma abierta o bien mediante el uso proporcional de gomas, tonfas, munchacos, maeros o cualquier otro instrumento que solían llevar colgados del cinto).

Estos grupos supieron afrontar con éxito esos nuevos retos, a pesar de que alguien llegó a notar un cierto abandono de cuestiones secundarias como el tráfico o la cotidiana convivencia ciudadana.  Lo importante era poner coto al gallumbeo internacional, frenar el crecimiento de las redes de prostitución, atajar el tráfico bolsillero de choris y pericas y contener el porreteo público.  Sus logros tuvieron el eco esperado gracias a la distribución y canalización de toda la información y novedades que se iban produciendo.  Se dio amplia difusión de sus éxitos, pero fundamentalmente con fines general-preventivos. Y la ciudadanía lo agradeció.  Los miembros de estos grupos, no todos evidentemente, comenzaron a conformarse como serios postulantes a mando.  La cosa se iba poniendo seria.

Afortunadamente los tiempos han cambiado y nosotros hemos cambiado con los tiempos


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