LA VALLA ROJA

Según contó, al salir de una curva se encontró con una bonita valla roja cerrándole el paso y, como la impenetrabilidad de los cuerpos duros y contundentes es, a día de hoy, una ley insoslayable, se dio de morros con ella. Afortunadamente hasta las partes mas vulnerables supieron resistir el embate y la valla no paso a formar parte del mobiliario móvil del habitáculo. La historia solo quedó en un buen susto y en una mutua transferencia cromática. La parte anterior del vehículo luce desde ese momento un juego iridiscente de color, desde el gris plata original al rojo morcillón, que la valla dejó como recuerdo del encuentro. Como el carmín testigo del beso.

Quien tuvo la feliz idea de poner la bonita valla roja en el centro del carril, quizás no reparó en que no todos los conductores están lo suficientemente adiestrados en la conducción en condiciones de estrés circulatorio y que no todos son capaces de salvar un obstáculo no esperado.

Ahora, seguramente, la propietaria de la bermellona valla, osea la administración responsable de la vía, tendrá que acoquinar y hacer frente a los gastos de desmaquillaje del vehículo. (Y digo seguramente porque en esto de la responsabilidad, ………ya se sabe).


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