EL PROFESOR

Hace algunos años descubrí casualmente un archivo de word de título “Un profesor aprende en la calle“, que contenía un artículo publicado en la revista “FBI Law Enforcement Bulletin” de marzo de 1974, en el que, presuntamente, un profesor universitario norteamericano recogía y narraba una experiencia a la que se había sometido voluntariamente para conocer en primera persona en qué consiste el trabajo policial y si la imagen que el público posee de la policía coincide o no con la realidad.

He hecho mención a la presunción de que la experiencia corresponda realmente a dicho profesor, dado que quiero creer que ese trabajo es el resultado de una experiencia real y no un relato de ficción.

El profesor en cuestión era el doctor Georges L. Kirkham, profesor adjunto de la Escuela de Criminología de la Universidad del Estado de Florida en Tallahassee, Florida.

Para llevar a cabo su “experiencia”, el profesor decidió convertirse en policía durante varios meses a fin de vivir desde la propia policía, desde la misma calle, en que consistía el trabajo policial y que visión tenía el ciudadano de su policía, con la premisa de que la policía ha sido y es objeto de criticas cada vez mas numerosas por parte de distintos sectores sociales.   El doctor Kirkham se preguntaba cuántas veces los agentes de policía han tenido que apretar los dientes y cuántas han deseado que sus críticos se vieran, ellos mismos, enfrentados solo con algunas de las duras realidades que la mayoría de policías se encontraban cotidianamente en su trabajo.

Ciertamente, cada vez con mayor frecuencia el ciudadano en general está dispuesto a hacer críticas y reproches a la policía y son los medios de comunicación social los que, a partir de incidentes aislados, han creado una imagen estereotipada del policía.  Trasciende al público en general, lógicamente, aquello que es noticia y solo suelen ser noticia aquellos incidentes que nos presenta o nos describe al policía brutal, al policía torturador, racista, xenófobo, grosero, maleducado, etc.  Queda en un segundo plano, por no ser noticiable, el servicio prestado por hombres y mujeres entregados en cuerpo y alma a su trabajo y que luchan por preservar nuestra sociedad y todo lo que de valioso hay en ella. Todo lo que atañe o afecta a la policía es opinable y las mayores críticas suelen provenir de sectores ajenos totalmente al mundo policial.

El profesor Kirkham reconocía en su relato que, en sus clases en la universidad, había ostentado con frecuencia un sentido crítico muy desarrollado frente a la policía, sin llegar a entender plenamente lo que un policía está obligado a soportar en la sociedad moderna, por lo que aceptó recoger el desafío y proyectó la idea de introducirse él mismo en el mundo policial para conocer por sí mismo esta profesión, teniendo presente que el saber tiene una lado práctico tanto como teórico. Decidió así hacerse policía.

Para conseguir su objetivo, el profesor tuvo que enfrentarse, en primer lugar con la incredulidad general de su familia, amigos y colegas, quienes entendían que la idea era, cuanto menos, absurda y que, en el ámbito de la policía norteamericana, ningún jefe de policía en su sano juicio permitiría que un universitario entrara en su servicio.

Con la ayuda de sus alumnos de la universidad, algunos de ellos policías, el profesor contactó con el sheriff de Jacksonville (Florida), Dale Carson, quién, no solo apoyó la idea de que se hiciera policía municipal, sino que mostró un gran entusiasmo.  Acordaron, por tanto, que el Doctor Kirkham se integraría en la policía, no como observador ni como oficial de reserva, sino como agente con servicio a tiempo completo durante un periodo de 4 a 6 meses y que dicho servicio lo prestaría, la mayor parte del tiempo, como policía uniformado en uno de los equipos de patrulla de las zonas céntricas de la ciudad y que tendría que enfrentarse, como cualquier otro policía, a todo tipo de violencia, pobreza, inestabilidad social y fuerte criminalidad.  Previamente el profesor tendría que cumplir las mismas condiciones que los demás candidatos, es decir, tendría que someterse a una encuesta detallada y a un examen de aptitud física y tener el mismo nivel mínimo de instrucción que el resto de funcionarios de Florida.

Tanto el sheriff como su adjunto resolvieron todas las dificultades administrativas y determinados problemas sobre seguros y todo se hizo con la condición de que, por razones psicológicas, todos los policías del servicio debían saber desde el principio quién era y que es lo que hacía.  En todo lo demás, el profesor pasaría a prestar servicio con la misma uniformidad, el mismo equipamiento y el mismo armamento que el resto de policías.

Como última condición, el profesor tuvo que superar un curso de formación de al menos 280 horas antes de prestar juramento para ser destinado a un servicio normal.


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