LA LLAMADA DEL LEÓN

– Policía Local, dígame.
– Hola, güenas noches ¿es la policía local?
– Si, Policía Local, dígame.
– Mire usté, estoy en la calle Patriarca, al ladito del INEM, ¿sabe usté dónde es?
– Si, dígame, ¿qué desea?
– Pues mire usté, no se lo va a creer, pero aquí junto a los contenedores hay un león.
– ¿Cómo dice?, repita, por favor.
– Que aquí, al lado de los contendores hay un león.
– ¿Un león?
– Si señor, un león.
– Oiga, ¿Está usted de guasa?
– No, mire usted, no estoy de guasa, ……… que aquí hay un león, ¡por la gloria de mi madre!, aquí hay un león.
– Pero, ¿qué me está usted contando?
– Oiga, lo que yo le diga, aquí hay un león. ¡Por la gloria de mi madre!. Seguramente se habrá escapado de algún circo o de un zoo. Esto es un león y se está moviendo.
– Vamos a ver, caballero, ¿está usted bebido o qué?
– No señor policía, que no estoy borracho. Yo he cogido muchas borracheras en mi vida, pero hoy estoy fresco, hoy no me he tomado ni una sola copa y esto que tengo delante es un león, ¡por la gloria de mi madre!. Dense prisa en venir a recogerlo o se escapará.
– Entonces, dice usted que está en la calle Secano….
– Si señor, junto al INEM, vengan rápido que éste es capaz de agredir a cualquiera y yo estoy acojonao.
– ¿Cómo se llama usted?.
– Fernando, me llamo Fernando
– Bien, Fernando, quédese tranquilo, no se mueva del sitio en el que se encuentra.
– No señor, no me muevo, ¿cómo me voy a mover?, ¿qué quiere usted que el león me ataque?
– Vale, caballero, enseguida va un patrullero para ese lugar. Indíquele a los policías el lugar exacto donde se encuentra el león.
– Bien, aquí les espero, pero dense prisa.
Recibir una llamada de este calibre a las dos de la madrugada de un día cualquiera puede provocar, de hecho provoca en el mejor de los casos, o un ataque generalizado de risa o de estupor, pero las llamadas y las demandas de servicio hay que atenderlas por muy inverosímiles que puedan parecer. Así que rápidamente se dirigen al lugar todas las patrullas disponibles. La primera patrulla en llegar al lugar se hace cargo de la situación, se entrevistan con el demandante, quien les indica el lugar exacto en el que se encontraba el león y, antes de que los restantes agentes hubieran tenido tiempo de llegar al lugar, atrapan al animal y, pese a la feroz resistencia que opuso a la detención, consiguieron introducirlo en la parte posterior del patrullero (a salvo los agentes gracias a la mampara) y retornan hacía jefatura.

Hay que decir que los agentes resultaron ilesos en su pugna con el león y, a pesar de la valentía que demostraron, no recibieron medallas o condecoraciones, ni tan siquiera una mínima mención.

Obviamente el demandante no solo estaba bebido, sino que cargaba un tremendo tablón y el león tan solo era un peluche.


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