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LA SOTA DE BASTOS

8-Diciembre-2008 pantharei Deja un comentario

Tenía un caminar enérgico y seguro. Se dirigía con decisión hacia la estación del ferrocarril.  Debía tener como sesenta y cinco o setenta años, y puede que algunos mas.  Pelo cano y bien cortado, bigote poco poblado, barba rala.  Vestía traje oscuro, no excesivamente elegante, pero bien cuidado.

Se lo encontraron de espaldas.  Seguían el mismo camino. El por la acera de la izquierda. Al principio no pudieron distinguir qué era el bulto que hacía descansar en su hombro derecho y que aferraba por su extremo mas estrecho, parecía un instrumento de cuerda, tal vez un laúd.  El conductor redujo la velocidad para observarle con mayor detenimiento.  Durante unos metros le siguieron a su misma velocidad.  El hombre ni tan siquiera osó dirigir la mirada hacia el patrullero.  Continuó caminando con la misma celeridad y presteza sin prestarles la más mínima atención…….

El conductor del patrullero, un agente curtido en mil batallas, giró el volante hacia la izquierda hasta quedar a su altura, junto al bordillo.  El caimán le miró fijamente, mientras que el anciano ni tan siquiera se inmutó.

- ¡Oiga!

- ¿Es a mi?, contestó el señor mientras giraba la cabeza hacía la voz que le reclamaba.  En su cara apareció un atisbo de sorpresa.

- Sí,  usted.  Acérquese.

- Dígame, agente.

El caimán abrió la puerta del patrullero y lentamente se apeó.  En su trayectoria fue componiendo el uniforme, un poco desmadejado por efecto del tiempo que llevaba sentado en su puesto de conducción.  Empuñó la defensa en la mano derecha y cuando se encontró frente a frente al anciano la enfundó.

- ¿Que llevas ahí?

- Pues un jamón, ya ve señor agente.

El repentino tuteo alertó al otro componente de la patrulla, quien decidió salir del vehículo para dar cobertura a su compañero y para estar al quite si fuera necesario.

- Eso ya lo veo, ¿de dónde lo has sacado?

- Pues me ha tocado en un sorteo.

- ¿Te ha tocado en un sorteo?, ¿dónde sortean jamones?

- Pues mire usted, estaba con unos amigos en un bar en el que sorteaban el jamón.  Jugamos y yo fui el ganador.

- Déjate de monsergas, ¿de dónde lo has robado?

- Oiga agente, ¿que está usted diciendo?, ya le he dicho que me ha tocado en un sorteo.

El caimán fue poco a poco invadiendo el terreno del anciano, quien reculaba a cada paso del veterano agente. Cada pregunta la emitía en un tono de voz más elevado y enérgico que la anterior. Continuó inquiriéndole durante varios segundos más para que le dijera de dónde había sacado la pieza que llevaba apoyada en el hombro.  Por su parte el policía novato observaba la escena con una mezcla de asombro y temor.  No conseguía comprender por qué su compañero se comportaba de aquella manera con aquel señor.  Nada hacía sospechar que lo que decía no fuera cierto.  Los segundos se le hacían minutos y en un par de ocasiones estuvo a punto de tomar del brazo a su compañero para alejarlo del lugar y del anciano, que por momentos se mostraba mas nervioso y mas asustado, pero no se atrevió.  Permaneció en silencio observando las reacciones mutuas de ambos y, de vez en cuando, miraba a su alrededor para comprobar si había alguien más curioseando y observando la escena.

- No te lo vuelvo a repetir, ¿de dónde has sacado el jamón?

El viejo optó por no contestar ninguna pregunta más.  Su turbación e indignación se había expandido por el aire en cada resoplido que daba y había alcanzado de lleno al novato.

De repente la paciencia del caimán se agotó.  Le arrebató el jamón, lo colocó cuidadosamente sobre el capó, y empujó contra la pared al viejo al tiempo que le pedía que abriera las piernas.  Le palpó detenidamente y al llegar a los bolsillos del pantalón notó algo duro y pudo oír un tintineo metálico.

- Saca lo que llevas en los bolsillos.

El viejo resignado sacó un par de bolsas de plástico repletas de monedas.

- Y este dinero, ¿También te ha tocado en un sorteo?

- Si señor, me ha tocado el premio en una tragaperras.

- Joder, que suerte has tenido hoy, ¿no?.  Bueno, pues déjate ya de pamplinas.  Se acabó lo que se daba.  Enséñame tu carnet de identidad y sube al patrullero.

- Pero,…. oiga,  ¿me va a detener?

- Si señor, ya estás detenido.  Sube al patrullero y, por tu bien, quédate calladito.

Después de acomodarlo en el asiento trasero, le informó sin orden de sus derechos y, a continuación, le indicó a su joven compañero que subiera al patrullero.

Realizó un cambio de sentido y se dirigió hacia la zona de la que procedía el anciano.  Circuló lentamente mirando con atención las fachadas de los distintos establecimientos hosteleros existentes en el lugar.

- ¿Que coño estás haciendo, tio?

- Calla y mira atentamente los accesos a los bares.  En uno de ellos ha tenido que entrar a robar.

- Joder, pero no ves que es un viejo.  ¿Por qué crees que no dice la verdad?

- Calla, leche y haz lo que te digo.

Tras varias rondas observaron que sobre la acera, junto al ventanal de uno de los restaurantes mas conocidos de la ciudad, había restos de cristales que brillaban fugazmente al darles la luz del patrullero.

- Ese es, ahí ha tenido que ser.

Pararon y armados con linternas se dirigieron a los ventanales y cierres del establecimiento.  Efectivamente, una ventana había sido fracturada.  Alumbraron hacia el interior del local y y observaron que todo parecía revuelto.  Una máquina tragaperras destrozada descansaba sobre el suelo.  Sobre el mostrador colgaba una fila de jamones, todos de la misma marca que el que guardaban en el maletero.

El novato miró con asombro a su compañero.  “Joder con el caimán”, pensó. Miró con tristeza hacia el patrullero: el viejo bajó la cabeza, se sabía atrapado.

-  ¡Me cago en la sota de bastos!, valiente destrozo ha causado el puñetero.

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SORPRESAS

16-Octubre-2008 pantharei Deja un comentario

Ya sabemos que el conductor de autobús que transportó a 53 jubilados de Valencia a las Rías Baixas, sin carné de conducir, tendrá que abonar una multa de 4.380 euros tras ser condenado en un juicio rápido por un delito contra la seguridad vial. El conductor fue detenido en un control rutinario de tráfico de la Guardia Civil, cuyos agentes sospecharon que el conductor del autobús podría no tener en regla el carné correspondiente.

Fue denunciado y posteriormente citado para que compareciera en los juzgados de Cambados para someterse a un juicio rápido.  No acudió a la comparecencia y el juez ordenó que se le localizara y se le detuviera.  Fue nuevamente emplazado para juicio en el que, esta vez si, compareció y finalmente fue condenado en conformidad, al pago de 12 meses de multa a razón de 12 euros diarios, a realizar cuarenta días de trabajos en beneficio de la comunidad y al abono de las costas procesales. El conductor, de 56 años edad, admitió que no posee, ni ha poseído nunca, permiso de conducir que le habilite para conducir autobuses y que sólo cuenta con la licencia de ciclomotor.

El propietario de la empresa no terminaba de creer que este señor hubiera estado trabajando como conductor de autobuses y que no tenía autorización para ello, dado que, según manifestó el conductor gozaba de gran prestigio como conductor de autocares de “toda la vida”.

También es sorprendente otro caso de similares características descubierto, esta vez, por la Policía Local de Santander, cuando una patrulla detuvo a un conductor que circulaba en un ciclomotor, en el que además viajaba un pasajero adulto y dos niños de 2 y 4 años.  Al requerimiento de los agentes para que se sometiera a una prueba de alcoholemia, el conductor respondió con insultos, amenazas y agresión a los agentes.  Fue detenido y posteriormente se comprobó que conducía sin permiso por haber perdido todos los puntos.

El pasado martes se produjo un hecho no menos curioso a la vez que insólito.  Un señor de 81 años de edad fue pillado por una patrulla de la policía local de Algeciras cuando conducía un turismo careciendo de permiso de conducir.  El anciano, cuya capacidad para ponerse al mando de un volante puede que sea más que discutida, circulaba con su vehículo por el carril izquierdo de una avenida, en la que los vehículos del carril derecho se encontraban detenidos ante un paso de peatones, que en ese instante estaba ocupado por varias personas.  El anciano conductor continuó la marcha, rebasando a toda la fila de vehículos, sin detenerse y sin respetar la prioridad de paso de los peatones.  Una patrulla de policías que se encontraba en el lugar observó la anómala acción del conductor y procedió a su detención.  La sorpresa de los agentes fue mayúscula al comprobar que el conductor, al serle requerida su documentación personal y la del vehículo, manifestó carecer de permiso de conducir y además, que llevaba conduciendo mas de cincuenta años y nunca había tenido ningún tipo de problemas.  Los agentes, tras las comprobaciones pertinentes, procedieron a denunciar e imputar al anciano conductor como autor de un delito contra la seguridad vial y, finalmente, fue citado a comparecer ante la autoridad judicial para dar cuenta de sus acciones.

La verdad es que noticias de este calado sorprenden especialmente.  En unos casos la sanción es merecidísima, sin ningún género de dudas, pero otros  te pueden llevar a dudar si el conductor merece ser denunciado por su osadía prolongada en el tiempo o ser propuesto para una condecoración, porque si ya tiene mérito conducir un vehículo con ochenta y un años de edad, más lo tiene aún que se haya pasado los últimos cincuenta años de su vida conduciendo vehículos y que jamás haya sido sorprendido por los agentes encargados de la vigilancia del tráfico, lo que lleva a pensar o que este señor y aquel otro que conducía el autobús, han gozado de una suerte envidiable o que, a pesar de carecer de la autorización, ha sabido conducirse y conducir de forma que jamás se ha hecho merecedor de ser sancionado por infracciones a las normas de circulación.

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DECALOGO PARA FORMAR A UN DELINCUENTE

9-Octubre-2008 pantharei 1 Comentario

Recomendaciones del Sr. Juez de Menores de Granada, D. Emilio Calatayud, para formar a un delincuente:

1: Comience desde la infancia dando a su hijo todo lo que pida. Así crecerá convencido de que el mundo entero le pertenece.

2: No se preocupe por su educación ética o espiritual. Espere a que alcance la mayoría de edad para que pueda decidir libremente.

3: Cuando diga palabrotas, ríaselas. Esto lo animará a hacer cosas más graciosas.

4: No le regañe ni le diga que está mal algo de lo que hace. Podría crearle complejos de culpabilidad.

5: Recoja todo lo que él deja tirado: libros, zapatos, ropa, juguetes. Así se acostumbrará a cargar la responsabilidad sobre los demás.

6: Déjele leer todo lo que caiga en sus manos. Cuide de que sus platos, cubiertos y vasos estén esterilizados, pero no de que su mente se llene de basura.

7: Riña a menudo con su cónyuge en presencia del niño, así a él no le dolerá demasiado el día en que la familia, quizá por su propia conducta, quede destrozada para siempre.

8: Dele todo el dinero que quiera gastar. No vaya a sospechar que para disponer del mismo es necesario trabajar.

9: Satisfaga todos sus deseos, apetitos, comodidades y placeres. El sacrificio y la austeridad podrían producirle frustraciones.

10: Póngase de su parte en cualquier conflicto que tenga con sus profesores y vecinos. Piense que todos ellos tienen prejuicios contra su hijo y que de verdad quieren fastidiarlo.

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LA MEDALLA

5-Octubre-2008 pantharei Deja un comentario

La Justicia, como principio orientador de cualquier organización o sistema social, exige que, en la atribución de funciones, se atienda, por encima de cualquier otra consideración, a la habilidad de cada candidato para conseguir un mayor grado de eficiencia; exige que, en la selección para ocupar cargos  públicos se tenga en cuenta la aptitud, capacidad y conocimientos para desempeñarlos eficazmente, y, exige que en la distribución de honores y recompensas se valoren, especial y significativamente, los méritos contraídos.

Para el mantenimiento del equilibrio de las relaciones sociales que se generan en el seno de los entes colectivos organizados, entre la propia organización y sus miembros o estos entre sí, se hace necesaria la existencia de un sistema de responsabilidad para exigir el cumplimiento de las obligaciones, a la vez que, se hace necesaria la existencia de un procedimiento de distribución de honores y recompensas. Tanto la imposición de deberes o cargas, como la atribución de derechos, contribuyen al funcionamiento eficiente de la organización social.

Cualquier miembro activo de la organización se encontrará obligado a cumplir con los deberes impuestos por su mera pertenencia al grupo y, a la vez, legitimado para exigir el reconocimiento de sus merecimientos, todo ello bajo el prisma orientador de lo justo en cada caso.

El procedimiento de concesión de distinciones, de recompensas o de condecoraciones por méritos profesionales debe estar, también, inspirado en el principio organizativo de la Justicia.  Los criterios que se valoren y tengan en cuenta debieran ser total y absolutamente objetivos. La dificultad para la apreciación de lo justo, no obstante, la encontraremos, no en los propios criterios, que pueden ser mas o menos objetivos y que, en cualquier caso, serán norma común, sino en su valoración.  Toda valoración lleva implícita una amplia carga de subjetividad.

Existen múltiples peligros que amenazan y atenazan la justicia en la distribución de recompensas profesionales y que devalúan su significado. Así por ejemplo, la casualidad, que hace que sea reconocido, no el mérito objetivo, sino las circunstancias que hacen que el hecho meritorio sea conocido y tenga algún tipo de trascendencia pública, es decir, que el hecho sea observado por quien tiene el poder de impulsar el proceso de reconocimiento. También, la oportunidad, que orienta el reconocimiento de actos realizados por un sector de la población que “necesita” un impulso en su proyección social. También, por ejemplo, el intercambio institucional, por el que se conceden y reconocen honores y recompensas a determinadas personalidades que, muy posiblemente, el único mérito contraído sea o haya sido estar u ocupar un puesto de responsabilidad en alguna otra institución hermana, (tu has merecido nuestra distinción para que mañana sea yo el merecedor de vuestra distinción)(Simple y burdo coleccionismo de medallas).

Otros peligros, a los que hay que prestar la debida atención desde todos los sectores, manan de la propia condición humana, de sus miserias, de sus bajezas, del lado oscuro que posiblemente todos llevemos dentro. Para obtener un inmerecido reconocimiento, hay quien puede llegar a mentir y engañar; a usurpar; se pude llegar a plagiar; se puede llegar a hurtar el merecimiento ajeno; se puede llegar a vilipendiar; a injuriar y calumniar; se puede llegar a destruir; a desacreditar; se puede llegar a pisotear derechos ajenos; se puede llegar a cometer las mayores vilezas imaginables.  Todos podemos haber sido, en algún momento, testigos de ello.

El propio sistema debería contar con adecuados mecanismos de control  que limiten o restrinjan el acceso al sistema de distribución de distinciones a esos personajes, que sin escrúpulos y cargados de mediocridad, están siempre dispuestos a dar una vuelta más de tuerca para alcanzar el triunfo, a toda costa y a cualquier precio…..ajeno. Dispuestos y ahítos por llenar el saco sin fondo de sus desmedidas ambiciones. Dispuestos a medrar.

Todos deberíamos velar activamente por la justicia y por el equilibrio de nuestra estructura organizativa, impulsando, desde nuestra respectiva responsabilidad, la objetividad en el proceso de distribución de recompensas y honores, y, aislando y señalando a los que lo desvirtúan

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EL LÍMITE DE LA PACIENCIA

8-Septiembre-2008 pantharei 1 Comentario

-No se preocupe agente, no tengo prisa.- Fue la respuesta del amable conductor ante el requerimiento del agente para que continuara la marcha por la calle de la derecha ante la imposibilidad de hacerlo por la que en principio pretendía circular.

Unos minutos antes, un camión de grandes dimensiones se había introducido en las angostas calles del centro para llegar a un edificio en construcción, lugar donde tenía previsto descargar determinados materiales. El conductor del camión, que desconocía la zona y, según parece, también a su propio vehículo, entró por dichas calles siguiendo las indicaciones de algunos operarios de la obra, que poco sabían de las necesidades y formalidades de una circulación fluida. Pudo franquear las primeras calles, un poco más amplias, hasta llegar a una intersección, donde, finalmente, quedó atrapado. No podía seguir de frente dado que esa calle era peatonal y no podía girar por falta de espacio.

En pocos minutos del camión montó un atasco monumental. Una larga hilera de vehículos se fue apelotonando en la calle por la que había arribado y rápidamente se fue extendiendo a calles adyacentes. La impaciencia, como suele ser habitual ante semejantes incidentes sociales, hizo que a la mayoría de conductores se les enalteciera el ánimo y comenzaran a amenizar la espera haciendo uso simultaneo de las bocinas de sus vehículos.

Un patrullero de la policía local se vio también atrapado en la red, pero sus ocupantes en lugar de contribuir al concierto, se vieron en la obligación de hacer algo por solucionar la pelotera que se había montado, entre otros, ese también era su trabajo. La primera misión sería averiguar el lugar donde había arraigado el trombo que amenazaba la libre circulación, así que uno de los componentes se dirigió a pie hacia el origen del entuerto, mientras el otro trataba de sacar el vehículo del atolladero para encontrar la forma de ir desviando el tráfico.

Una vez analizado el problema y sentadas las bases para una mejor solución. El agente decidió que la única forma posible de sacar al camión de su encajonamiento sería por el mismo lugar por donde había entrado. Para ello, sería necesario despejar las calles del itinerario desviando los vehículos hacía una calle alternativa. Mientras, su compañero diligentemente impedía el acceso de otros vehículos hacía ese mismo lugar.

Le hizo indicaciones al conductor del primero de los vehículos detenidos para que girara a la derecha, en lugar de hacía la izquierda como, al parecer, era su intención. El conductor negó con la cabeza y respondió con gestos que él no quería ir a la derecha, sino a la izquierda. Se reiteraron las indicaciones, pero encontraron la misma respuesta, así que el agente tuvo que acercarse hasta la ventanilla del conductor para informarle de viva voz cuales eran las circunstancias y que soluciones cabía dar al problema:

-Caballero, por favor, debe usted seguir hacía la derecha, debemos tratar de dejar expedita esta vía para sacar el camión marcha atrás.
-No se preocupe agente, no tengo prisa, yo quiero ir a la izquierda.
-Por favor, señor, siga hacía la derecha.
-Agente, mi destino, mi familia, mi casa y mi garaje, están a la izquierda, ¿para qué voy a ir a la derecha?, ¿qué hay en ese lugar que a mí me pueda interesar?
-No lo sé señor, desconozco cuáles puedan ser sus intereses particulares, pero como puede observar este camión está obstaculizando gravemente el acceso a su destino. Para que pueda Vd. continuar con su vida, antes es necesario que nos deshagamos del camión. Vaya Vd. a la derecha trate de encontrar otro acceso o rodee la manzana. Si opta por esta solución, relájese, espere un tiempo prudencial y cuando vuelva a esta posición muy posiblemente hayamos descorchado el tapón.
-Bien, vale, haga Vd. su trabajo, pero yo me espero, quítelo cuando quiera. Ya le he dicho que no tengo prisa.
-Señor, le insisto, el camión está encajonado, solo hay una salida y casualmente la ocupa su vehículo y todos esos otros que están parados detrás. No podremos quitarlo sin su colaboración y la del resto de conductores.

El agente tuvo que emplear todas sus armas persuasoras y argumentos similares a los expresados durante casi diez minutos. Finalmente, el conductor aparentó convencimiento y, a regañadientes, se marchó. Todos los que le iban en pos le siguieron sin rechistar dando por acabado el concierto.

Hubo que cortar, no obstante, un par de calles que daban acceso al lugar, mientras el camión realizaba las maniobras pertinentes, necesariamente lentas, no en vano no es lo mismo ir de frente que reculando. En una de estas calles, apareció en primera posición nuestro conductor invitado, quien había optado por la segunda solución pero omitiendo las recomendaciones de relajación- Desde su vehículo nuevamente increpó a nuestro paciente agente:

-Oiga agente, ¿aún no puedo entrar hacía mi punto de destino?.
-Caballero, otra vez Vd., bien mire, va a ser solo un minuto, como ve el camión lo tiene usted saliendo, lentamente, eso sí, pero saliendo. Ya ha alcanzado el noventa y nueve por ciento de su recorrido.
-Bien, bien. Señor agente no puede detener Vd. mi vida de esta manera, así que permítame marcharme por aquella otra calle, que aún siendo dirección prohibida, su sola presencia invalida.
-No señor, lo siento no le puedo autorizar, por esa calle puede encontrar vehículos de frente. Por favor, solo va a tardar treinta segundos.
-Bien, agente, Vd. siga con sus líos, con sus historias y sus descorches, que yo me marcho.

El agente tuvo que apartar su uniformado cuerpo para evitar ser golpeado con el morro del vehículo, que puedo zafarse y dirigirse hacía el lugar no autorizado. Circuló toda la calle en dirección prohibida y el conductor, en lugar de a otro vehículo, se encontró la suerte de cara y no se vio en el aprieto de comprobar experimentalmente la dureza de los cuerpos duros y la teoría de la transmisión de la energía hacía el interior de su habitáculo. El agente se vio obligado a emplearse a fondo para lograr su detención, lo que consiguió cuando la acción había sido netamente consumada.

-Caballero, pare, pare, pare de una vez.
-Vale agente, ya paro. ¿Vaya día me está dando usted, cojones?
-Señor, por favor, permítame ver su documentación personal y la del vehículo.
-¿Mi documentación?, ¿por qué?, ha detenido usted momentáneamente mi vida y… ¿ahora se quiere apoderar de mi identidad?…. ¿acaso me va a denunciar?

- ¿Denunciarle?, no señor, ¡qué barbaridad!…….. No caballero, este documento que voy a tener el honor de extenderle es la propuesta de un premio por su paciencia, simpatía y, especialmente, por su colaboración. Será el instructor y la autoridad competente los que decidan si Vd. es digno de ese honor. No es necesario que firme esta propuesta, caballero, ya lo hago yo con mucho gusto, pero eso si, tenga usted una copia que, seguro, le permitirá rememorar este gran momento…… Buenos días, puede continuar con su vida, ……… señor.

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