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UNA MAÑANA DE PERROS

6-Noviembre-2008 pantharei 1 Comentario

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Había dejado de llover y los agentes se dirigieron diligentemente al lugar desde donde habían sido requeridos.  Un servicio rutinario: un vehículo abandonado en una de las zonas residenciales de la ciudad.

Cuando trataban de averiguar algún dato que les sirviera para localizar al propietario, vieron aparecer, por entre la maleza de un campo cercano, un pequeño perrillo.  El animal se encontraba totalmente mojado y tiritaba de frío…….

Se trataba de un perro pequeño, de raza indefinida, mezcla, tal vez, de chucho con chihuahua.  Probablemente habría huido del calor del hogar en busca de aventuras y no había previsto, porque un perro difícilmente puede prever estas cosas, que se encontraría solo, perdido y desamparado en medio de una terrible tormenta de agua y viento.  Así que cuando observó a los agentes fue en su busca tratando de conseguir auxilio.

Los agentes captaron rápidamente las circunstancias en las que se encontraba el animal y decidieron prestarle ayuda.  Para ello lo primero sería tratar de averiguar quién era su propietario.  Le abrieron la puerta del patrullero y le hicieron indicaciones para que subiera.  El animal aceptó con alegría el ofrecimiento, entró disparado y se acomodó en el asiento trasero.

En primer lugar lo llevaron a un veterinario para que le hiciera una lectura del microchip y, con ese dato, averiguaron quién era su propietario.  Tras contactar con él le emplazaron para que fuera a recogerlo a Jefatura.

Algo no debió gustarle al animal cuando, una vez en Jefatura, aprovechó un descuido para darse a la fuga.  Huyó como alma que lleva el diablo y no hubo forma de darle alcance, a pesar de que los solícitos funcionarios pusieron todo su empeño en ello.

Los agentes continuaron su patrullaje y unas horas mas tarde localizaron al perro fugado en las proximidades del lugar del que se había evadido.  Temiendo ser nuevamente apresado, el animal se dio otra vez a la fuga seguido de cerca por los agentes. Se introdujo a toda velocidad en una plazoleta donde varias personas, alertadas por los agentes, trataron de detenerlo acorralándolo.  Un agente se situó estratégicamente en un lado, mientras el otro trataba de cerrarle el paso.

Ambos, el servidor de la ley por una parte y la fiera en busca y captura por otra, quedaron enfrentados.  El perro tratando de encontrar una vía de salida y escape y el agente en posición de Iker Casillas tratando de detener un penalti.  Tras un amago el perro decidió entrarle por la derecha aprovechando la sorpresa y tal vez suponiendo que ese sería el lugar mas adecuado.  El funcionario se lanzó en plancha, se arrastró por el asfalto aún mojado por las lluvias y consiguió agarrarlo.  La fiera al verse atrapada decidió pasar a la acción y propinó un fuerte mordisco en un dedo de la mano del agente, quien al notar el pinchazo optó instintivamente por soltarlo.  En ese instante el animal pensó que su captor aún no había recibido todo su merecido, así que calculó fríamente la distancia que les separaba, apuntó y disparó, casi a quemarropa, alcanzando al agente en un brazo.  Lo consiguió, había burlado el cerco policial, había conseguido alcanzar de lleno al agente y, sin solución de continuidad, se alejaba sin mirar atrás con un alegre trotecillo.

El agente no fue consciente del impacto hasta que entraron en el patrullero.  Ambos pudieron percibir un fuerte olor a mierda de perro.  Miraron sus botas para ver si en la refriega alguno había pisado una caca, pero no encontraron nada.  Las suelas estaban limpias, pero a pesar de ello el hedor era insoportable.  Iker trató de componer su uniforme que había quedado un tanto desmadejado en la parada y al tocar su brazo derecho notó una sustancia caliente y pringosa.  Miró sus dedos manchados y comprendió que el perro había defecado sobre su uniforme.

Una hora mas tarde una señora compareció con un cocker spaniel atado con una cuerda.  Lo había encontrado abandonado en la calle y quería comunicar que ella se haría cargo de este otro animal hasta que aparecieran sus propietarios.  Los agentes no pudieron evitar observarlo con cierto recelo.

(Novela negra, negra,…. negra)

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EL CRUCIGRAMA RARO.

20-Septiembre-2008 pantharei 1 Comentario

Era una fría mañana de invierno.  Como cada día, dos agentes, ambos motoristas de tráfico, fueron comisionados para revisar el funcionamiento correcto de todos los grupos semafóricos de la ciudad.  La revisión se realizaba siguiendo un itinerario preestablecido, de forma que no quedara sin verificación ninguno de los semáforos.  La tarea comenzaba temprano, muy temprano, a fin de que las deficiencias que se hubieran observado, pudieran ser trasladadas a la empresa encargada del mantenimiento a primera hora.

Debían ser, por tanto, las seis y media de la mañana cuando los agentes, que ya llevaban algún tiempo cumpliendo su trabajo, llegaron a un tramo de carretera donde se ubicaba un poste semafórico de precaución, (ámbar intermitente de preseñalización de intersección).  En plena calzada a la altura del semáforo observaron un vehículo turismo detenido, algo que les llamó la atención, dado que el conductor de dicho vehículo no tenía ninguna obligación de detenerse ante dicho semáforo y no parecía que hubiera ninguna otra razón que le hubiera obligado a detenerse, a no ser que el vehículo se hubiera averiado.

Los agentes se detuvieron junto al vehículo y se dispusieron a comprobar que era lo que le ocurría al conductor para, en su caso, ayudarle a continuar la marcha.  Al acercarse a la ventanilla, el conductor, al observar la presencia de los agentes y antes de que éstos pudieran preguntarle, se llevó un dedo sobre los labios y les dice:

- Sssshhhhhiiiiiiiisssss……….sssshhhhhiiiiiiisssss………… esto tiene que ser algo de la Guardia Civil, porque el coche me ha hecho un “crucigrama” muy raro y se me ha parado aquí delante de estas luces amarillas que han puesto.

Al mismo tiempo, el acompañante del conductor, que se encontraba sentado en el asiento delantero derecho, aprovechando la atención que los agentes estaban brindando al conductor, abrió la puerta, se bajó a toda velocidad y salió corriendo como alma que lleva el diablo en dirección hacía una de las urbanizaciones colindantes.

Los agentes se dan cuenta que el conductor del vehículo tenía una borrachera de campeonato, un pedo impresionante, los signos eran mas que evidentes, por lo que proceden a retirar el vehículo y apartarlo de la corriente circulatoria, para evitar que pudiera producirse algún accidente y deciden someter al conductor a una prueba de alcoholemia.

A través de la central solicitan un patrullero para trasladar al conductor hasta Jefatura, donde se realizarían las pruebas.  Durante el tiempo de espera del patrullero, el conductor insistía, de forma cansina, en el “crucigrama tan raro” que le había hecho el vehículo.  En un momento determinado el conductor decidió cambiar su discurso y optó por decir que el coche le había hecho “la moviola” y con este argumento se mantuvo hasta el final.

El acompañante huido debió sentir remordimientos de conciencia y unos minutos mas tarde volvió al lugar de los hechos, seguramente con la intención de “entregarse”.  El conductor al verlo aparecer le dice:

-Tranquilo compadre, ¿no ves que son compañeros?.  Que yo he servido en artillería.

El conductor aclaró que su acompañante era su cuñado que había venido de Francia a pasar unos días y “¿quién no se toma cuatro copas con su cuñado cuando lleva tanto tiempo sin verlo?.

-Pero eso sí “yo os juro que han sido cuatro copas nada mas“.

Lo de las cuatro copas lo repitió insistentemente hasta que fue trasladado a Jefatura para someterse a las pruebas.

Una vez en la Jefatura se le hizo soplar (en el antiguo alcoholímetro, ese que daba el valor de la medida en sangre y no en aire espirado, ¡cuánto ha llovido ya!) y dio un resultado de 3.5 gramos de alcohol por litro de sangre.

El conductor al ver el resultado en la pantalla del alcoholímetro, no se le ocurrió otra que decir:

-Para que veáis que yo soy una persona legal, ese cacharro está mal, os dije que han sido cuatro copas las que me he tomado y cuatro copas han sido, no tres y media como dice eso.

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EL COCHE DEL PICADOR

3-Septiembre-2008 pantharei Deja un comentario

La plaza de toros se encuentra situada junto al recinto ferial, o mejor, la feria se extiende como una alfombra a los pies de la plaza.  Los aficionados habituales saben que en tardes de toros es mejor llegar a la plaza a pie o utilizando el transporte público.  Los que deciden ir en sus propios vehículos se arriesgan a rodar y rodar mucho tiempo en busca de un buen sitio donde dejarlo aparcado.  No es difícil ver como todas las zonas próximas a la plaza se llena de vehículos sin que quede prácticamente ninguna plaza libre.  Los osados tientan a la suerte, dejan el vehículo estacionado en cualquier lugar y rezan para que la grúa se averíe o, por lo menos, decida trabajar en otro lugar.

La plaza de toros tiene alrededor un recinto cerrado, controlado por vigilantes jurados, donde solo se permite la entrada de vehículos autorizados (urgencias, médicos, autoridades, etc. etc.).

Una tarde de toros la grúa entró en dicho recinto y empezó a llevarse los vehículos que no tenían autorización, o al menos, que no la exhibían, entre ellos, el de un picador, el del padre de Morante, el del apoderado de El Cid, el del presidente de la corrida.

No se como se las apañaron todos ellos para retirar sus respectivos vehículos del depósito municipal, excepto el picador quien, vestido de picador, aunque sin la pica, se desplazó a retirarlo al cuartelillo.  Obviamente, al buen señor le hizo maldita la gracia y no escatimó en protestas.  Una situación bastante cómica para cualquier observador, menos para el picador, quien terminó la faena paseando palmito en busca del coche perdido.
Cuentan que la iniciativa no fue del agente actuante, aunque la actuación fuese legal.

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LA LLAMADA DEL LEÓN

2-Septiembre-2008 pantharei Deja un comentario

- Policía Local, dígame.
- Hola, güenas noches ¿es la policía local?
- Si, Policía Local, dígame.
- Mire usté, estoy en la calle Patriarca, al ladito del INEM, ¿sabe usté dónde es?
- Si, dígame, ¿qué desea?
- Pues mire usté, no se lo va a creer, pero aquí junto a los contenedores hay un león.
- ¿Cómo dice?, repita, por favor.
- Que aquí, al lado de los contendores hay un león.
- ¿Un león?
- Si señor, un león.
- Oiga, ¿Está usted de guasa?
- No, mire usted, no estoy de guasa, ……… que aquí hay un león, ¡por la gloria de mi madre!, aquí hay un león.
- Pero, ¿qué me está usted contando?
- Oiga, lo que yo le diga, aquí hay un león. ¡Por la gloria de mi madre!. Seguramente se habrá escapado de algún circo o de un zoo. Esto es un león y se está moviendo.
- Vamos a ver, caballero, ¿está usted bebido o qué?
- No señor policía, que no estoy borracho. Yo he cogido muchas borracheras en mi vida, pero hoy estoy fresco, hoy no me he tomado ni una sola copa y esto que tengo delante es un león, ¡por la gloria de mi madre!. Dense prisa en venir a recogerlo o se escapará.
- Entonces, dice usted que está en la calle Secano….
- Si señor, junto al INEM, vengan rápido que éste es capaz de agredir a cualquiera y yo estoy acojonao.
- ¿Cómo se llama usted?.
- Fernando, me llamo Fernando
- Bien, Fernando, quédese tranquilo, no se mueva del sitio en el que se encuentra.
- No señor, no me muevo, ¿cómo me voy a mover?, ¿qué quiere usted que el león me ataque?
- Vale, caballero, enseguida va un patrullero para ese lugar. Indíquele a los policías el lugar exacto donde se encuentra el león.
- Bien, aquí les espero, pero dense prisa.
Recibir una llamada de este calibre a las dos de la madrugada de un día cualquiera puede provocar, de hecho provoca en el mejor de los casos, o un ataque generalizado de risa o de estupor, pero las llamadas y las demandas de servicio hay que atenderlas por muy inverosímiles que puedan parecer. Así que rápidamente se dirigen al lugar todas las patrullas disponibles. La primera patrulla en llegar al lugar se hace cargo de la situación, se entrevistan con el demandante, quien les indica el lugar exacto en el que se encontraba el león y, antes de que los restantes agentes hubieran tenido tiempo de llegar al lugar, atrapan al animal y, pese a la feroz resistencia que opuso a la detención, consiguieron introducirlo en la parte posterior del patrullero (a salvo los agentes gracias a la mampara) y retornan hacía jefatura.

Hay que decir que los agentes resultaron ilesos en su pugna con el león y, a pesar de la valentía que demostraron, no recibieron medallas o condecoraciones, ni tan siquiera una mínima mención.

Obviamente el demandante no solo estaba bebido, sino que cargaba un tremendo tablón y el león tan solo era un peluche.

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