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Archivo para la Categoría "RECUERDOS"

LA OPOSICIÓN

2-Septiembre-2008 pantharei Deja un comentario

Nunca estaré totalmente seguro de cual fue la razón que me impulsó a presentarse a las oposiciones. Lo mio no era, no podía ser, vocacional, eso era evidente. Debieron concurrir varios factores, por una parte la “juventud”, mi juventud. Con tan solo diecinueve años careces de criterios suficientes para saber que quieres ser y hacer en la vida, ves el mundo repleto de posibilidades, ves el futuro sin demasiada preocupación. Tu preocupación se centra en qué vas a hacer mañana y dónde pasarás el fin de semana. Dos semanas vista es una eternidad. Tal vez las presiones, fundamentalmente familiares: “Chiquillo, no seas tonto, preséntate, igual apruebas”…….., “No pierdas esta oportunidad, siempre tendrás ocasión de arrepentirte”. Puede, incluso, que me lo hubiera planteado como un reto, ¿por qué no?, vamos a probar a ver que pasa.

Lo cierto es que, sin convicción, compré uno de los pocos temarios que en aquel momento existía, (en ese momento la ilusión de ser policía aún no se había convertido en negocio), era un tocho fotocopiado, escrito a máquina y con cubiertas de cartulina de color azul. También asistí, más por curiosidad que por otra cosa, a un curso de preparación que se impartía para nuevos aspirantes. Sólo fui capaz de ir en dos o tres ocasiones, aquello me pareció una solemne pérdida de tiempo.

Conseguí memorizar el primero de los temas propuestos, “El Estado”, el resto los leí. Unos los dominaba en en cierta forma y otros solamente los entendí. Quería saber, al menos, qué era lo que preguntarían en los exámenes.

Superé sin apenas esfuerzo las pruebas físicas, en aquél momento eso no era ningún problema. Había conseguido superar el primer obstáculo del reto.

El examen oral era otra historia. En un salón lleno de observadores cada candidato tenía que salir frente al tribunal, tomar de una bolsa negra una ficha con un número (cada número se correspondía con un tema) y a continuación tenías que recitar durante, al menos, diez minutos el tema que te hubiera caído en suerte. Tuve la mala o la buena fortuna, según se mira, de atinar a coger uno de los temas que sólo había leído, así que improvisé. Decidí que la mejor opción sería declamar el tema que sí había sido capaz de aprender de memoria y olvidar completamente del que me había asignado la fortuna, total, a los miembros del tribunal posiblemente les daría igual. Así que me arrojé al vacío y les conté todo lo que sabía del Estado, de su forma de organización, de las competencias de los distintos órganos administrativos, lo de la división de poderes, Montesquieu, bla, bla, bla, ……

Bueno, los señores del tribunal debían estar pasando por un buen momento, me aprobaron sin rechistar. Cuando colgaron la lista de admitidos y no admitidos en el tablón de anuncios apenas pude dar crédito. No sólo había aprobado, sino que lo hice en buena posición, fui noveno de mi promoción.

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DIARIO DE UN DESGRACIADO

15-Agosto-2008 pantharei Deja un comentario

(Encontrado bajo unas cajas de cartón en la boca del metro de Sol)

Vengo de una familia estúpida: en “la II Guerra” mi padre luchó con los nazis. Mi padre era imbécil. Trabajaba en un banco y lo atraparon robando bolígrafos.

Cuando nací, el doctor fue a la sala de espera y le dijo a mi padre: “Hicimos lo que pudimos… pero salió”.

Mi madre nunca me dio el pecho porque decía que solo me quería como amigo.

Mi padre lleva en la cartera la foto del niño que ya venía en la cartera.

Pronto me di cuenta de que mis padres me odiaban: mis juguetes para la bañera eran una tostadora y una radio.

Una vez me perdí. Le pregunté al policía si creía que íbamos a encontrar a mis padres. Me contestó: “No lo sé, chaval… hay demasiados sitios donde se pueden esconder”.

El último deseo de mi padre moribundo fue que me sentara en su regazo: estaba en la silla eléctrica.

Trabajé en una tienda de animales. La gente no paraba de preguntarme cuánto iba a crecer.

Cuando me secuestraron, los secuestradores mandaron a mi padre un trozo de mi dedo. Mi padre dijo que quería más pruebas.

Una vez me encontré a las autoridades sanitarias. Me ofrecieron un cigarrillo.

Un día me llamó una chica a casa diciéndome: “Ven a casa, no hay nadie”. Cuando llegué a su casa no había nadie.

A mi mujer le gusta hablar conmigo después del sexo. El otro día me llamó a casa desde un hotel.

Una vez ingerí un frasco entero de tranquilizantes. El doctor me dijo: “Tómese una copa y acuéstese un poco”.

El psiquiatra me dijo que me estaba volviendo loco. Yo le dije que quería una segunda opinión. “De acuerdo” me dijo “también es usted feo”.

Cuando por fin me iba a suicidar tirándome desde un décimo piso, mandaron a un cura para ayudarme. Sus palabras de ánimo fueron: “Preparados… listos…”

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SENTIDO COMÚN

11-Agosto-2008 pantharei 1 Comentario

Murió Sentido Común

Hoy lloramos la muerte de un querido amigo, Sentido Común, que ha estado entre nosotros durante muchos años. Nadie sabe a ciencia cierta cuántos años tenía, puesto que los datos sobre su nacimiento hace mucho que se han perdido en los vericuetos de la burocracia.

Será recordado por haber sabido cultivar lecciones tan valiosas como que: hay que trabajar para poder tener un techo propio sobre la cabeza’, ‘que se necesita leer todos los días un poco’, ’saber por qué los pájaros que madrugan consiguen lombrices’, y también por reconocer la validez de frases tales como ‘la vida no siempre es justa’, y ‘tal vez haya sido yo el culpable’.

Sentido Común vivió bajo simples y eficaces consignas (‘no gastes más de lo que ganas’) y estrategias parentales confiables (‘los adultos, no los niños,están a su cargo’).

Su salud comenzó a deteriorarse rápidamente cuando se aplicaron reglas bien intencionadas pero ineficaces: informes respecto de un niño de seis años acusado de abuso sexual por haber dado un beso a una compañera de clase; adolescentes que debieron irse a otro colegio por haber denunciado a un compañero distribuidor de droga, y una maestra despedida por reprender a un alumno indisciplinado, sólo hicieron que empeorara su condición.

Sentido Común perdió terreno cuando los padres atacaron a los maestros sólo por hacer el trabajo en el que ellos fracasaron: disciplinar a sus ingobernables hijos.

Declinó aún más cuando las escuelas debieron requerir un permiso de los padres para administrar una aspirina, poner protector solar o colocar una curita a un alumno -aunque eso sí, no podían informar a los padres si una alumna estaba embarazada y quería abortar-.

Sentido Común perdió el deseo de vivir cuando los Diez Mandamientos se convirtieron en material risible, algunas iglesias en negocios y los criminales empezaron a recibir mejor trato que sus víctimas.

Para Sentido Común fue un duro golpe que uno ya no pueda defenderse de un ladrón en su propia casa, pero que el ladrón pueda demandarnos por agresión; y
que si un policía mata a un ladrón, incluso si éste estaba armado, sea inmediatamente investigado por exceso de defensa, cuando no acusado de gatillo fácil.

La muerte de Sentido Común fue precedida por la de sus padres, Verdad y Confianza, la de su esposa Discreción, la de su hija Responsabilidad y la de su hijo Raciocinio.

Lo sobreviven sus tres hermanastros: Conozco Mis Derechos, Otro Tiene la Culpa, y Soy Una Víctima de la Sociedad.

No hubo mucha gente en su funeral porque muy pocos se enteraron de que se había ido.

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EL PRIMER INSTANTE

El primer recuerdo es el mas dificil de precisar. Se encuentra en una espesa nebulosa entre la oscuridad mas absoluta y vagos recuerdos de otros momentos posteriores. Ni tan siquiera llega a ser recuerdo o es el mas vago de los recuerdos o es tan solo un sueño.

Seguramente el primer recuerdo sea siempre inducido. Lo que nos dijeron, lo que nos contaron sobre alguno de nuestros primeros momentos, sobre nuestros primeros pasos, sobre algo hicimos, sobre algo que fuimos, es lo que hacemos nuestro y lo incorporamos a nuestra personal historia. Ese primer momento de nuestra vida, inducido o ciertamente rememorado, puede incluso marcarnos para el resto de nuestra vida. Puede quedar pegado a nuestro ser de forma indisoluble. También seremos ese recuerdo, estaremos constituidos también por él.

Mi primer instante, vivido o recordado, lo situo en el interior de una estancia. En el centro había una especie de columna o poste de madera, probablemente fuera el punto de apoyo, el centro de la edificación. Sobre la tierra apelmazada por el paso y el peso de sus habitantes jugaba, no se con qué, ni con quién, simplemente jugaba. Me encontraba solo, sentado en el suelo y, para coger alguna de las cosas que había a mi alrededor, me arrastraba. Con tan poca edad que casi no podía andar y en su lugar gateaba. Aunque era yo quien jugaba, la memoria me situa en un lugar objetivo, fuera del niño. Observando su juego y sus movimientos. Girando a su alrededor.

¿Por qué tengo ese primer recuerdo y no cualquier otro?. No lo se. Supongo que algo debió ocurrir en ese lugar en algún momento en el que estuviera presente que llamó poderosamente la atención de un niño que aún no era capaz de enterder el mundo que le rodeaba o puede que la memoria, en nuestros primeros años de vida, juegue y aprehenda de forma caprichosa detalles, colores, sonidos y los coloque en algun lugar de nuestra mente para, a lo largo de nuestra vida, lanzarnos fugaces destellos de esos precisos momentos. Puede que, en algún momento en el que pareciera que estaba absorto en el juego, hubiera oído alguna conversación de algún adulto sobre ese algo que ocurriera en aquel lugar y la fantasía infantil me situara en el centro de la historia.

Es un recuerdo que me ha perseguido y me persigue, que destella y rápidamente se apaga para dejar paso a otras vivencias y a otros recuerdos.

La memoria se comporta, a veces, de manera realmente caprichosa.

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